Home Política A mí no me gusta el Centro. Debate sobre Centro y Liberalismo.


A mí no me gusta el Centro. Debate sobre Centro y Liberalismo.

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centro de la tierra

España es un país tan curioso, que es el único que necesita de partidos políticos que se califiquen de centro. Hay países con partidos unionistas, nacionalistas, republicanos, socialistas, socialdemócratas, fascistas, conservadores, comunistas, democristianos... ah! pero aquí los queremos de centro.

¿Y qué significa ser de centro? Dicen que es una “actitud”, que es “pensar por problemas” (sic), analizarlos sin ideas preconcebidas, -mal lo llevamos de todas formas, si queremos analizar problemas sin tener ideas de antemano-. Ser de centro es “darles la respuesta que se cree, en conciencia, la más adecuada”. Señores, eso no es ser de centro, eso es ser sincero, leal, congruente, sensato, honesto, valiente, decidido...


Querer ser de centro en España es querer ser el bueno de una película de indios y vaqueros, es querer ser lo mejor de cada casa, es querer llevarse las mieles del consenso, de la equidad, de la equidistancia, o más bien de la ambigüedad.

Querer ser de centro es un quiero y no puedo, es un no me toques que me manchas, es querer zafarse de la eterna gangrena  de la política española, de la lepra que en este país, a todo el mundo acecha: que te digan que eres de derechas. El chollo ideológico de la izquierda llegó a su cénit con la expresión ser de derechas. Algo parecido a lo que ocurre con la palabra machista inventada por las feministas de pro. Todo ocurre con normalidad, el río va por su cauce, las nubes se levantan, los pajarillos cantan... hasta que alguien pronuncia la palabra mágica: “derechas” y el mundo se detiene. El reloj deja de marcar la hora, los abuelos se tropiezan, los niños lloran, la gente se vuelve hacia ti, el quiosquero sonríe, un tufillo te recorre a apestado, a carca, a reaccionario... y tú sólo quieres gritar: “yo no he sido” (Steve Urkel dixit).

Querer ser de centro es querer seguir jugando a las ideologías de la posguerra civil. Es darles la razón a aquellos que quieren dividir España en buenos y malos, en guapos y feos.

Querer ser de centro es jugar a la eterna demagogia que marca la categoría de los políticos por los adjetivos que lleven el nombre de su partido. Socialista: progresista, avanzado, intelectual. Derechas: capitalista, egoísta, implacable, injusto, carca y si me apuras facha. Centro: guay.

Y repito continuamente “querer ser de centro” porque amigos, en España no se puede ser de centro. Nadie es de centro. Es pretender tener la objetividad, pretender ver la realidad como es y no con el cristal con que se mira. El centro en España es un lugar en equilibrio metaestable, un paso en falso y serás ultraderecha, un paso de más y te habrás pasado.

No me gusta el centro. Demasiado tibio, melifluo, almibarado, oportunista, ambiguo.

Y llegados a este punto me hago la siguiente reflexión: ¿Se puede ser liberal y de centro? “Sí nosotros”. Lo plantearé de otra manera: ¿Se puede ser liberal y de izquierdas? Y ¿liberal y de extrema-derecha?

¿No creéis que “liberal” es un concepto lo suficientemente potente y bello como para no necesitar apellidos?

Conozco muchos liberales ilustres, personas que han marcado un antes y un después: Von Mises, Hayek, Friedman, Locke, Tocqueville... ahora bien “centristas” ya me cuesta algo más enumerarlos. ¿Os imagináis a Roosevelt diciendo soy liberal y de centro?



Comentarios
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¡Bien!,¡Correcto!,¡En su sitio!
Antonio (217.127.226.xxx) 2009-02-20 18:19:12

Muy acertado el artículo porque así es como se dejan ver los aspirantes a
"centristas". Pretenden asemejarse a una guarnición que pega con
cualquier plato y que a todo el mundo gusta, o sea, las patatas fritas del mundo
de la política porque parece que arrastran complejo de haber sido siempre
guisantes que, pese a no querer perder su sabor de siempre, deciden cambiar de
aspecto ya que los guisantes no gustan a todo el mundo y, sin embargo, todo el
mundo está de acuerdo con respecto a las crujientes y apetitosas patatitas a
las cuales nadie dice que no.

Es más fácil saber lo que uno es no cuando
se plantea cuales son las ideas propias, sino las que no son tus ideas. Nunca
supe posicionarme políticamente hasta hace unos años, cuando todo ese follón
del Prestige, la guerra de Irak, y todo aquel terremoto sin sentido que liaron
los políticos en aquellos días cuando los españolitos corrientes solo
pedíamos sentido común. Nunca me posicionaba, e incluso para no mojarme
recurrí alguna vez a eso de ser de centro; pero un día en la universidad
alguien me hizo una encuesta y yo me hice el siguiente planteamiento: ¿Qué
tengo más claro, que no soy de derechas o que no soy de izquierdas?
Rápidamente la respuesta irrumpió en mi mente con una claridad cegadora, ¡Yo
no soy de derechas!, lo cual dejaba una cuestión evidente: con intención o sin
ella soy de izquierdas, y era verdad, yo, que nunca me había querido alinear,
resultaba que siempre había tenido unas simpatías más claras hacia unas
ideologías que hacia otras pero mi desprecio por la clase política había
hecho que nunca me animara a posicionarme.
De esta manera llegué a otra serie
de conclusiones como aquella de que la Monarquía me parecía una institución
obsoleta con la que yo no estaba del todo de acuerdo. Era más fácil expresarlo
así en vez de pronunciar la palabra terrible (demonizada por la derecha, por
cierto, y por los aspirantes a centristas quedaguays). Pero claro, llega un
momento que el tener claro lo que no eres, y era evidente que yo monárquico no
era, te lleva a la satisfacción de poder llamar a las cosas por su nombre y sin
ningún complejo ahora me confieso republicano.

No es que las cosas sean
así, ni que las cosas son como son, sino que en cuestión de ideologías,
señores centristas, las cosas son lo contrario de lo que no quieren ser para
tener claro lo que son realmente.
¡Bien!,¡Correcto!,¡En su sitio! 2
Antonio (217.127.226.xxx) 2009-02-20 18:25:00

...amos sentido común. Nunca me posicionaba, e incluso para no mojarme recurrí
alguna vez a eso de ser de centro; pero un día en la universidad alguien me
hizo una encuesta y yo me hice el siguiente planteamiento: ¿Qué tengo más
claro, que no soy de derechas o que no soy de izquierdas? Rápidamente la
respuesta irrumpió en mi mente con una claridad cegadora, ¡Yo no soy de
derechas!, lo cual dejaba una cuestión evidente: con intención o sin ella soy
de izquierdas, y era verdad, yo, que nunca me había querido alinear, resultaba
que siempre había tenido unas simpatías más claras hacia unas ideologías
que hacia otras pero mi desprecio por la clase política había hecho que nunca
me animara a posicionarme.
De esta manera llegué a otra serie de conclusiones
como aquella de que la Monarquía me parecía una institución obsoleta con la
que yo no estaba del todo de acuerdo. Era más fácil expresarlo así en vez de
pronunciar la palabra terrible (demonizada por la derecha, por cierto, y por los
aspirantes a centristas quedaguays). Pero claro, llega un momento que el tener
claro lo que no eres, y era evidente que yo monárquico no era, te lleva a la
satisfacción de poder llamar a las cosas por su nombre y sin ningún complejo
ahora me confieso republicano.

No es que las cosas sean así, ni que las
cosas son como son, sino que en cuestión de ideologías, señores centristas,
las cosas son lo contrario de lo que no quieren ser para tener claro lo que son
realmente.
¡Bien!,¡Correcto!,¡En su sitio! 3
Antonio (217.127.226.xxx) 2009-02-20 18:27:04

...pronunciar la palabra terrible (demonizada por la derecha, por cierto, y por
los aspirantes a centristas quedaguays). Pero claro, llega un momento que el
tener claro lo que no eres, y era evidente que yo monárquico no era, te lleva a
la satisfacción de poder llamar a las cosas por su nombre y sin ningún
complejo ahora me confieso republicano.
No es que las cosas sean así, ni que
las cosas son como son, sino que en cuestión de ideologías, señores
centristas, las cosas son lo contrario de lo que no quieren ser para tener claro
lo que son realmente.
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