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Escritores conversos de Joseph Pearce

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conversos
 

Me gustaría empezar este primer día de 2009 deseandoos un muy feliz año lleno de paz, fe y caridad. Además quería recomendar un blog amigo interesantísimo http://razonesparacreer.blogspot.com/ dirigido desde Lima (Perú) por Rafael de la Piedra donde "se quieren dar razones a nuestras creencias

más profundas."

De esa página hemos extraído este artículo sobre el libro "Escritores conversos -La inspiración intelectual en una época de incredulidad-" de Joseph Pearce, espero que os guste.

Joseph Pearce presenta en este libro una serie de itinerarios vitales, que podrían parecer increíbles en pleno siglo XXI. El subtítulo es cuanto menos provocador: “la inspiración espiritual en una época de incredulidad”, pues hoy en día apenas se habla de la dimensión espiritual de la persona. Y a pesar de ser un libro provocativo, su lectura es deslumbrante. Los escritores que desfilan por estas páginas tienen tres cosas en común: su origen británico, todos vivieron parte de su vida en el siglo XX, y cada uno recorrió un camino espiritual que le condujo al cristianismo.

Algunos son conocidos, como G.K. Chesterton, Oscar Wilde, Evelyn Waugh o sir Alec Guinness; otros en cambio quizá no lo sean tanto para un lector de lengua castellana. Bien podría resumirse la actitud de todos estos intelectuales en unas palabras de la escritora de origen escocés Muriel Spark, en una entrevista con Malcolm Muggeridge: “Me hice católica porque aquello me explicaba". La necesidad de encontrar un sentido que diera razón de la propia existencia personal fue para todos ellos un motivo para salirse de las ideas subjetivistas dominantes y aproximarse a la Iglesia y al Evangelio. Al convertirse, no sólo reconocían la verdad en Jesucristo: dejaban atrás una “tierra baldía” habitada por “hombres huecos”, según el símil de T. S. Eliot que tanto influyó en su generación.

Pearce nos habla de que estos escritores constituían “una red de mentes que se alimentaban mutuamente”. En efecto, libros como Ortodoxia de G. K. Chesterton o Mero Cristianismo de C. S. Lewis, o autores anteriores como el Cardenal Newman o Santo Tomás de Aquino, fueron referencia para muchos de ellos, que pudieron con esta ayuda abrirse camino en un mundo de incredulidad. Y estas referencias continúan siendo válidas en los comienzos del siglo XXI. Pearce analiza la trayectoria de diferentes escritores conversos y desde la profundidad de sus escritos, describe su reacción ante la incredulidad y el laicismo manifiestos del mundo que les ha tocado vivir.


No se trata sólo de escritores sino de las influencias recibidas y del círculo de amistades y conocidos que poco a poco fueron cambiando su manera de ser y de pensar y compartieron sus inquietudes y creencias. Es una obra que narra las experiencias y vivencias de múltiples personajes que encontraron en la verdad del cristianismo, el soporte y la claridad necesaria para avanzar en su madurez, a pesar de los dramas personales y del padecimiento de dos guerras mundiales que los marcaron profundamente.

No es una obra sobre un autor concreto, analiza la conversión de grandes literatos del siglo XIX y del XX, que tuvieron la necesidad imperiosa de exponer su decisión y explicar todo el proceso. Se cita constantemente a John Henry Newman, converso del anglicanismo y cardenal, porque muchos de los escritores son contemporáneos y le conocían o estuvieron influenciados por él. El subtítulo parece sugerente y la lectura y el análisis del contenido lo confirman, “la inspiración espiritual en una época de incredulidad”.

En esta obra se define la trayectoria de unos personajes diversos, con unos objetivos comuness, la conversión al catolicismo, pero siguiendo caminos diferentes, algunos de ellos insólitos. No se trata aquí de realizar un esbozo de las peculiaridades de estos escritores, sino que se trata de responder a estos interrogantes: ¿qué les unía? ¿por qué citan a Newman? ¿por qué se leían unos a otros y se comunicaban con abundante correspondencia?

Les unía la búsqueda de la verdad en un mundo laicista y en una cultura impregnada de un anglicanismo limitado en sus propias concepciones morales, un cristianismo caduco, legalista hasta el extremo y asfixiado. Todos necesitaban airear sus vidas, abrirse al optimismo cristiano desde la ortodoxia católica, convencidos de que sólo en la Iglesia de Roma estaba la verdad.

Sus conversiones fueron escándalo y estupor, noticia de primera página en los principales periódicos ingleses. Su conversión fue seguida de la conversión de amigos y colaboradores, encendiendo todavía más el sentimiento anti-romano que ya habían padecido Newman y sus colaboradores a mediados del siglo XIX.

Se leían y comunicaban por una necesidad imperiosa de difundir su experiencia de verdad, su búsqueda del verdadero Absoluto, llegando a una estabilidad y a una paz interior que debían comunicar a los demás. Se habían acabado las dudas y las angustias, habían descubierto un mundo nuevo. Resulta imposible nombrarlos a todos, son legión, y sus escritos quedan como testimonio permanente de sus inquietudes y de ese encuentro permanente con la Verdad deseada.

Pearce insiste en este punto,-siguiendo los escritos directos-, insiste en la necesidad ineludible de transmitir las ideas, de dar a conocer una experiencia vital. Combina la referencia biográfica con los textos directos, como testimonio de una experiencia definitiva. Remarca la coherencia y la libertad de conciencia de estos escritores, profundamente comprometidos con su propia vida y con un deseo irrefrenable de saber.

Resalta cómo junto a Newman, Chesterton era la referencia obligada que transmitía y contagiaba un entusiasmo desbordante por haber encontrado el Cielo aquí en la tierra. De este análisis se desprende que muchos de estos escritos son en primer lugar reflexiones que se convierten en meditaciones, en segundo lugar son poemas de gran profundidad, y en tercer lugar son escritos de místicos contemporáneos inspirados en los Santos Padres, en Dante y su Divina Comedia, y en los Evangelios.
Una característica común, fue el rechazo y el silencio que padecieron los autores y sus obras en Inglaterra, un silencio sonoro que en el continente europeo fue aceptado y defendido con la publicación de las cartas y ensayos de todos ellos.

Otra característica dramática fueron las guerras, esa violencia convertida casi en una institución, como si fuera un objetivo en sí mismo. Esas guerras crearon reflexión, unieron vidas, provocaron la pérdida de alguno de ellos, movieron a la conversión, ayudaron a madurar ideas y marcaron muchas vidas; fue una experiencia que golpeó vidas y pensamientos, impregnando los escritos y reflexiones de un carácter nuevo, para seguir adelante buscando el sentido a la existencia.

La conclusión positiva son las inquietudes comunes, la búsqueda de la verdad, el afán de libertad y la urgente necesidad de compartir y comunicar esa decisión personal, irrenunciable para todos porque daba sentido a su vida y suponía alcanzar un reto definitivo, conseguido con esfuerzo, y con un fuerte sentido crítico. Es una obra recomendable para leer y meditar con calma, para dejarse llevar por ese ansia de elevar la propia existencia hacia la trascendencia.

Joseph Pearce (1961)

Este jóven escritor y biógrafo inglés, preocupado por saber más acerca de la justicia social, un día le recomendaron leer algo de Chesterton y de Hilaire Belloc. Se sorprendió de la claridad del primero y de la sabiduría del segundo. Pero fue Chesterton el que mas lo cautivó; se sorprendió de su terrible poder de lógica, y de cómo construía argumentos a partir de dar vuelta el alegato contrario a su postura, en concreto, aquellos que atacaban al catolicismo.

Pearce, que apenas tiene mas de cuarenta años actualmente (2008), vive en Estados Unidos. Pasó de ser un descreído y un ser despreciativo, a ser mas tolerante y menos rígido en sus juicios. Hubo una época, en la juventud mas temprana, en la que se opuso tenazmente a la visita del Papa Juan Pablo II a Inglaterra, por una cuestión meramente política. Después de leer Ortodoxia, de Chesterton, encontró sus tesis razonables y empezó a sentir cierta simpatía por la postura católica.

Una especie de fuerza invisible pero real lo llevó a convertirse y pasó de ser protestante a integrar la Iglesia Católica en 1989. Fruto de su conversión interior, nació hace relativamente poco su libro sobre escritores conversos, causa con la cual se sentía plenamente identificado por su vivencia personal e íntima. Poco a poco se hizo fama de biógrafo respetado y serio y escribió las vidas de Tolkien, de Chesterton y de Solyenitzin, una de sus últimas obras, hecha a base de entrevistas y experiencias personales, mano a mano, con el escritor ruso recientemente fallecido.

De 1982 a 1986 estuvo preso por cuestiones políticas. Aprovechó para leer profusamente. Entonces, lamentaba sinceramente no tener una fe que pudiera complementarse con su modo de hacer política. Pero el cambio implicaba renuncias. Dejar de lado amistades y contactos que le impedían avanzar y dirigirse hacia un horizonte mas prometedor. El cambio fue difícil, pero según el propio autor, valió la pena. Comenzó a escribir y cambió radicalmente su vida: «Dios realmente me bendijo».
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Actualizado el Viernes, 09 de Julio de 2010 15:29  

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